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Hace tres años me mudé a Tailandia desde Estados Unidos. Si conoces el sudeste asiático, ya sabes lo habitual que es ver motos y scooters por la carretera.
Debido al elevado impuesto de importación, muchas familias tailandesas, sobre todo fuera de las ciudades, sencillamente no pueden permitirse un coche.
Por el elevado coste de coches y camionetas, las «motos» (un término general que engloba tanto scooters como motocicletas) son uno de los medios de transporte personal más habituales.
Como resultado, las motos se usan para casi todo:
Ir al trabajo, hacer la compra, llevar a varias personas a la vez (no es raro ver a más de dos personas en una sola moto, incluidos bebés y niños) y, por supuesto, la siempre divertida estampa de un perro de copiloto disfrutando del paseo.
Además de llevar pasajeros de todas las edades y especies, las motos también hacen de auténticos caballos de carga, tirando de carritos laterales y puestos ambulantes.
Pero esta historia no trata solo de la comodidad, la emoción y el placer de montar en moto. Es un aviso sobre los peligros que conlleva y sobre cómo me las arreglé con el sistema sanitario tailandés.
Una lección que aprendí en carne propia hace poco.
Contents
- Puntos clave
- Mi experiencia como motorista
- Mi primera vez en moto
- La compra de mi primera moto
- Mi primer accidente
- Estadísticas de accidentes
- La ley del casco
- El accidente
- La respuesta de emergencias
- El tiempo de respuesta de la ambulancia
- El coste de la ambulancia
- Hospitales privados
- El seguro obligatorio
- El coste de los hospitales privados
- Hospitales públicos
- Mi tabla de salvación
- Después de la operación
- El coste del hospital público
- Cómo reclamar el seguro obligatorio
- Un largo camino hacia la recuperación
- La lección aprendida
- Conclusión
Puntos clave
- Tailandia tiene una de las tasas de accidentes de moto más altas del mundo. Llevar un casco homologado en cada trayecto es lo más importante que puedes hacer para protegerte.
- El tiempo de respuesta de las ambulancias puede ser lento, sobre todo fuera de Bangkok. Aprende el número de emergencias y ten un plan antes de necesitarlo.
- Los hospitales privados son más rápidos y cómodos, pero caros. Los hospitales públicos son mucho más baratos, pero implican largas esperas y poco inglés.
- El seguro obligatorio a terceros de Tailandia (Por Ror Bor) solo cubre una pequeña parte de los gastos médicos tras un accidente. Un buen seguro de salud que cubra accidentes de moto es fundamental.
- Practica en una zona con poco tráfico antes de lanzarte al tráfico tailandés. Las carreteras de Tailandia son caóticas y no perdonan a los conductores sin experiencia.
- Recuperarse de un accidente grave puede llevar meses. Revisa las condiciones de tu seguro sobre cobertura de moto antes de subirte a una.
Mi experiencia como motorista
Antes de mudarme a Tailandia, nunca había montado en moto. Siempre me habían interesado los vehículos a motor, pero en Estados Unidos mi pasión iba más orientada a los coches.
No es que las motos no me llamaran la atención, pero nunca tuve la oportunidad de montar, sobre todo en una cultura donde las motos no son tan habituales en la carretera y se usan sobre todo como afición de fin de semana.
Sin embargo, si piensas quedarte una larga temporada en Tailandia, enseguida te das cuenta de que saber conducir una moto con soltura y seguridad es una habilidad muy valiosa.
Mi primera vez en moto
Cuando llegué a Tailandia, en cuestión de semanas ya tenía una moto entre manos.
Era una vieja y destartalada Honda Wave que me prestó la familia de mi mujer.
Para quien no conozca la Honda Wave, es una moto pequeña con un motor de 125 cc refrigerado por aire y una transmisión semiautomática de 4 velocidades.
Era la moto perfecta para empezar: poca potencia, cambio sin embrague, ligera y fácil de manejar.
La compra de mi primera moto
Después de un mes mejorando mi manera de conducir y ganando confianza entre el bullicio del tráfico tailandés… me cansé de la vieja y desgastada Honda Wave y sentí que ya estaba listo para comprarme mi propia moto.
Con la confianza que había ganado con la Honda Wave, sabía que quería más potencia; la pregunta era cuánta más. ¿Y qué tipo de moto se ajustaría mejor a mis necesidades?
Por supuesto, el presupuesto fue un factor importante a la hora de decidir.
Pero para mí no bastaba con una moto que cumpliera mis expectativas; también necesitaba que fuera práctica para el día a día.
La mayoría de los tailandeses usan pequeños scooters automáticos para moverse a diario.
Gastan poco combustible, necesitan muy poco mantenimiento con revisiones espaciadas, y son fáciles y cómodos de conducir.
Pero como amante de los coches en Estados Unidos, necesitaba algo un poco más emocionante… algo que alimentara mis ganas de adrenalina, aunque tampoco quería más potencia de la que pudiera controlar.
Lo único que tenía claro era que quería sentir esa experiencia visceral de subir de marchas que tanto echaba de menos de toda una vida conduciendo coches manuales.
Mientras pensaba qué moto se adaptaría mejor a mis necesidades, terminé concluyendo que una moto grande no era práctica para el día a día, ya que su tamaño y peso dificultarían moverse entre el denso tráfico de la ciudad.
Aun así, como mido 1,83 m y peso unos 82 kg, sentí que necesitaba algo un poco más grande y con más potencia que las motos pequeñas de baja cilindrada que suelen verse por la carretera.
Al final me decidí por una Kawasaki D-Tracker. Para quien no la conozca, es básicamente una versión «motard» orientada a asfalto de la Kawasaki KLX de todoterreno.

Es una moto de tamaño medio que ofrecía la potencia justa para saciar mis ganas de acelerón, siendo a la vez lo bastante ligera y ágil para moverme con confianza por el tráfico de la ciudad.
Como amante de las motos, podría seguir hablando sin parar de por qué elegí esta moto en concreto. Pero esta historia no va sobre mi D-Tracker, sino sobre mi accidente y cómo lo afronté.
Mi primer accidente
En el mundo de las motos hay un viejo dicho: «No es si te vas a caer… es cuándo te vas a caer».
Dicho esto, tuve mi primera caída pocos meses después de empezar a montar en mi moto nueva.
La tierra en la carretera hizo que las ruedas se bloquearan al frenar y salí despedido por encima del manillar.
Por suerte, ocurrió a una velocidad relativamente baja y pude rodar con la caída para evitar lesiones graves.
Le debo esa capacidad de rodar bien en las caídas a mis años de entrenamiento en artes marciales, y gracias a eso solo me llevé algunos rasguños y moratones.
Aun así, aquella experiencia me enseñó una lección importante y acabó convirtiéndome en un conductor más precavido.
Con los años, mi nivel y mi confianza fueron creciendo, y sería poco honesto decir que nunca he puesto a prueba mis límites cuando se han presentado entornos «seguros», como circuitos cerrados o autopistas vacías.
Pero siempre soy muy prudente y respetuoso, y nunca conduzco de forma temeraria en carreteras con mucho tráfico.
El respeto y mantener los sentidos bien alerta son la mejor defensa para evitar accidentes, reducir riesgos y, sobre todo, garantizar la seguridad de los demás.
Aun así, una idea universal sobre los accidentes es que nadie planea que ocurran.
Estadísticas de accidentes
Antes de contar mi historia, quiero dejar claro que mi intención no es desanimar, disuadir ni meter miedo a nadie sobre montar en moto.
Por eso no voy a soltarte estadísticas de accidentes que dan miedo.
Mi única intención es compartir mi experiencia y lo que aprendí. Al final, la decisión de montar o no en moto es tuya.
La ley del casco
Además de sacarte el carné de moto, la ley tailandesa obliga a llevar casco al conducir. Sin embargo, siendo sincero, no siempre se aplica con rigor —sobre todo en provincias y ciudades pequeñas—, así que mucha gente lo ve como una elección personal. Aunque últimamente la policía tailandesa se lo está tomando más en serio y ha endurecido los controles.
Al contar mi historia, prefiero ser transparente para ayudar a otros a tomar mejores decisiones.
Dicho esto, admito que muchas veces soy culpable de no ponerme el casco.
El accidente
El día de mi accidente era una tarde normal y corriente. Como de costumbre, decidí ir a comer a uno de mis restaurantes favoritos cerca de casa.
Es un trayecto que he hecho un sinfín de veces y conozco muy bien la zona. Dicho esto, y siendo transparente, ese día decidí no ponerme el casco.
¡Bum! A día de hoy sigo sin poder explicar por qué no vi venir el camión. Pasó tan rápido que, a la vez, sentí como si todo ocurriera a cámara lenta.
No sé explicarlo mejor: fue como si tuviera una experiencia extracorporal mientras me veía a mí mismo recibir el impacto de costado y salir volando por los aires.
Mientras mi cuerpo daba vueltas en el aire, recuerdo perfectamente la sensación de mi cabeza rozando muy levemente el asfalto.
Como digo, ese día no llevaba casco… algunos lo llamarán suerte… otros quizá lo llamen intervención divina el hecho de que no sufriera una lesión en la cabeza más grave… dejo esa reflexión en manos de quien me lea.
Lo llames como lo llames, aunque aquel día tuve mucha suerte, animo a todo el mundo a llevar siempre el casco puesto.
La respuesta de emergencias
Tailandia conoce muy bien la dura realidad de los accidentes de moto.
Con la adrenalina a tope, me levanté de inmediato y me encontré rodeado de gente preocupada.
Me preguntaron si estaba bien y me dieron una silla para sentarme.
En cuestión de minutos apareció una persona con un botiquín de primeros auxilios, me limpió las heridas y me dijo que ya había llamado a una ambulancia y que estaba en camino.
Aún en estado de shock, conseguí llamar a mi mujer para decirle que estaba bien y le envié mi ubicación para que viniera al lugar del accidente.
El tiempo de respuesta de la ambulancia
Como puedes imaginar, el tiempo de respuesta depende de muchos factores, como el tamaño de la ciudad, el tráfico en hora punta y otras circunstancias imprevisibles.
En mi caso, la ambulancia llegó en cuestión de minutos. De hecho, llegó tan rápido que se presentó antes que mi mujer.
El coste de la ambulancia
Acostumbrado a Estados Unidos y sabiendo lo carísimo que sale un traslado en ambulancia, me dio bastante reparo subirme.
Pero poco después llegó mi mujer al lugar y me dijo que las ambulancias en Tailandia son gratuitas.

De hecho, se trata de un programa financiado por el ayuntamiento y gestionado íntegramente por voluntarios llamado Aar Saa-Guu Pai, que viene a traducirse como «rescatadores voluntarios».
Como ocurre con la mayoría de los programas de voluntariado en Tailandia, siempre está bien mostrarles agradecimiento con una propina.
Hospitales privados
Con la adrenalina aún disparada, apenas sentía dolor y no era capaz de calcular la gravedad de mis heridas.
Aun así, era evidente que tenía numerosos cortes y rasguños que había que limpiar y vendar.
Como mi mujer conoce bien las largas esperas de los hospitales públicos, decidimos pedir que la ambulancia me llevara a un hospital privado cercano.
Al llegar, me ingresaron enseguida en urgencias.
Casi de inmediato, unas enfermeras muy atentas empezaron a limpiarme y vendarme las heridas.
Después me preguntaron por mi historial médico, si tenía alguna condición previa y si era alérgico a algún medicamento.
Para entonces la adrenalina ya empezaba a bajar, así que me pusieron analgésicos por vía intravenosa.
A continuación me pidieron radiografías del pie y la pierna derecha, que era donde parecía haber sufrido la mayoría de las lesiones.
El médico no tardó mucho en revisar los resultados de las radiografías.
Me dijo que, aparte de una pequeña fractura en el pie, no tenía ningún hueso roto.
Además, me comentó que la fractura era muy pequeña y que incluso podía ser de una lesión antigua.
No me extrañó, porque de joven me llevé unas cuantas fracturas y lesiones compitiendo en torneos de contacto pleno.
Me costaba creer que hubiera sobrevivido a un accidente tan fuerte sin lesiones graves, y sentí una gran ola de alivio. Por desgracia, duró poco.
Al examinarme con más detalle, el médico notó algo raro en mi hombro derecho y pidió otra radiografía de inmediato.
La radiografía mostró una separación importante del hombro causada por la rotura de un ligamento.
El médico me explicó que el ligamento estaba completamente roto y que necesitaría cirugía reconstructiva.
Además, me advirtió que la operación tenía que hacerse en un plazo estricto de tres semanas.
Me explicó que, si no se operaba a tiempo, el ligamento se deterioraría hasta quedar irreparable y podría dar más complicaciones.
Además del plazo, el médico recomendó encarecidamente que este tipo de operación la hiciera un especialista en medicina deportiva.
Como puedes imaginar, aquel diagnóstico me dejó bastante inquieto. Por desgracia, aquello era solo el principio de los problemas que se me venían encima.
El seguro obligatorio
Por ley, en Tailandia todas las motos deben estar aseguradas. Sin embargo, solo se exige una cobertura mínima.
Para la cobertura mínima, el precio depende de la cilindrada de la moto y va de 160 a 650 baht al año (unos 5-20 USD).
El seguro obligatorio solo cubre los gastos médicos por lesiones causadas en accidentes; no cubre daños ni robo de la moto.
Sorprendentemente, por un coste anual tan bajo, el seguro mínimo cubre hasta 30.000 baht (unos 1.000 USD) por accidente.
El coste de los hospitales privados
Por experiencia propia, puedo decir que los hospitales privados de Tailandia ofrecen una atención médica excepcional y se vuelcan con tu salud y tu comodidad.
Ahora bien, eso tiene un precio. Como pasa con muchas cosas en Tailandia, aquí obtienes lo que pagas, y como puedes imaginar, el precio va en consonancia con el servicio excepcional que ofrecen.
El hospital privado me dio un presupuesto de 230.000 baht (unos 7.400 USD) por la operación.
Me dijeron que, si me operaba con ellos, podían programar la intervención en un plazo de 48 horas.
Por desgracia, mi seguro solo cubría 30.000 baht (unos 1.000 USD)
Por mucho que agradeciera su atención excepcional, sencillamente no podía permitírmelo.
Hospitales públicos
Dado el alto coste de los hospitales privados, mi única opción era un hospital público.
Antes de entrar en detalles, quiero dejar claro que los hospitales públicos ofrecen el mismo nivel de atención médica que los privados. Ahora bien, hay algunos peros.
El tiempo de espera
Como puedes imaginar, los hospitales públicos van siempre a tope.
Al registrarte como paciente nuevo, prepárate para lidiar con toda una maraña de trámites y protocolos bastante confusos.

Resultó bastante abrumador, incluso con la ayuda de mi mujer tailandesa.
Después de un registro largo y tedioso, prepárate para esperar muchas horas antes de ver al médico.
La lista de espera para cirugía
Este es el verdadero punto que diferencia a los hospitales privados de los públicos.
Por muy importante que fuera operarme dentro del plazo recomendado de tres semanas, me dijeron que había una lista de espera larga y que tardarían meses en programar mi operación.
Un contraste enorme con los hospitales privados, que podían programar la operación en 48 horas.
Mi tabla de salvación
Como puedes imaginar, en ese punto me sentía muy angustiado y algo desesperado.
Ya había pasado una semana, así que solo me quedaban dos para cumplir el plazo y que la operación tuviera un resultado óptimo.
Pero mi suerte estaba a punto de cambiar.
Mi mujer llamó a una vieja amiga de la infancia para pedirle consejo. Resulta que tenían un amigo en común del instituto que, casualidades de la vida, es cirujano de medicina deportiva.
Aunque no habían hablado desde el instituto, mi mujer se puso en contacto con él y le explicó la situación.
Sin dudarlo, él llamó a su profesor, que resulta ser uno de los mejores cirujanos de medicina deportiva de un hospital público de Bangkok.
Y como favor personal, su profesor me consiguió una cita para la semana siguiente.
Resumiendo, el día de la cita solo me quedaba una semana antes de cumplirse el plazo de tres semanas para un resultado óptimo de la cirugía.
Estoy enormemente agradecido de que aceptara operarme él mismo y consiguiera programar mi cirugía para el día siguiente.
Tuve mucha suerte y sentí un alivio enorme. Pero la moraleja de esta historia no es presumir de las ventajas de tener los contactos adecuados.
Mi intención es transmitir lo importante que es estar preparado para lo inesperado, como invertir en un seguro premium que cubra los gastos de los hospitales privados.
Después de la operación
Después de la operación, como protocolo estándar, tuve que quedarme ingresado varios días.
Sinceramente, entre los analgésicos fuertes y la morfina, apenas recuerdo casi nada de esos días.
Por lo que recuerdo, la experiencia fue la típica de cualquier hospital.
Las camas del hospital tenían posiciones ajustables por mando a distancia y un interfono para llamar a la enfermera, y la comida era malísima.
Aun así, me dejaban pedir comida de fuera, lo que me ayudó a mantener el ánimo durante el ingreso.
El coste del hospital público
A estas alturas, seguro que te preguntas cuánto cuesta un hospital público.
Antes de contarte el coste total de mi operación, voy a desglosar los precios de los gastos habituales.
Aunque es difícil dar un desglose exhaustivo de precios, intentaré explicártelo para que te hagas una idea de qué esperar.
La consulta del médico
La consulta con el médico costó 100 baht (unos 3 USD)
Las radiografías
250 baht (unos 8 USD) por cada radiografía

Los protocolos previos a la operación
El coste total, incluyendo la consulta médica y los procedimientos previos habituales como análisis de sangre, un electrocardiograma y varias radiografías, ascendió a 2.000 baht (unos 64 USD).
El coste de la operación
Ten en cuenta que, tengas seguro o pagues de tu bolsillo, tendrás que abonar el presupuesto estimado por adelantado.
En mi caso, el presupuesto de la operación fue de 80.000 baht. Me explicaron que el hospital suele sobreestimar el presupuesto para cubrir cualquier imprevisto, y que me devolverían la diferencia respecto al gasto real.
Tras la operación, incluyendo los 6 días de ingreso, el gasto total fue de 72.000 baht, y me devolvieron la diferencia correspondiente.
Cómo reclamar el seguro obligatorio
Aunque la aseguradora aprobó mi reclamación, exigían que yo cubriera primero todos los gastos médicos.
Ten en cuenta que estas condiciones pueden variar según el hospital o tu póliza concreta.
Para conseguir el reembolso, tuve que presentar documentos médicos y recibos como prueba de los gastos.
Si pides documentos a un hospital público, cuenta con un plazo de unos 10-13 días para recibirlos.
Una vez entregada la documentación a la aseguradora, cuenta con otros 15-20 días de espera antes de recibir el cheque del reembolso.
En mi caso, el pago máximo de mi póliza era de 30.000 baht.
Aunque mis gastos médicos reales superaron esa cantidad, agradecí poder recuperar al menos una parte.
Un largo camino hacia la recuperación
La realidad es que me espera un largo camino de recuperación, con fisioterapia y seis meses para que el ligamento se cure del todo antes de poder volver a las actividades físicas que me hacen disfrutar.
De hecho, mientras escribo esto, mi operación fue hace solo seis semanas, y mi cirujano acaba de darme el visto bueno para volver a usar el brazo en las tareas del día a día.
Con cada tecla que pulso, noto el dolor y la molestia de no estar aún del todo recuperado.
Aun así, he decidido contar mi historia ahora, antes de que se convierta en un recuerdo lejano y difuso, con la esperanza de que compartir mi experiencia sirva de algo a otras personas.
Y, sinceramente, quizá también como un ejercicio catártico personal para afrontar este reto de frente, porque es fácil caer en la inseguridad o la desmotivación cuando estás pasando por una situación difícil.
La lección aprendida
Superar todos los obstáculos de esta experiencia me ha dejado muchos aprendizajes.
Pero la lección que más destaca es el valor innegable de contratar un seguro premium.
Aunque al final todo salió bien, tuve que pagar de mi bolsillo más de la mitad de los gastos médicos.
Aunque los hospitales públicos ofrecen una atención competente, los privados destacan por la comodidad y un servicio de primer nivel.
Da igual en qué país estés: priorizar tu salud y tu seguridad no tiene precio.
De cara al futuro, me inclino por contratar una póliza que cubra los costes más altos de los hospitales privados. Espero no tener que usarla nunca, pero es una red de seguridad que merece la pena tener.
Conclusión
La vida tiene la costumbre de ponernos por delante retos inesperados que ponen a prueba nuestra fuerza, nuestra resiliencia y nuestra determinación.
Mi recuperación todavía está en sus primeras etapas, y cada día trae sus propios obstáculos y retos.
Mientras recorro este largo camino, encuentro consuelo en compartir mi determinación de mantenerme positivo.
No solo para fortalecer mi propio ánimo, sino también como recordatorio de que no estamos solos en nuestras dificultades.
Sean cuales sean los retos a los que nos enfrentemos, mantenernos positivos puede convertirnos en una fuente de inspiración para otros.