Mi accidente de moto en Tailandia: experiencias y lecciones aprendidas

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Me caí de la moto en Tailandia y descubrí lo que cuesta de verdad un accidente así. Un hospital privado me pasó un presupuesto de 230.000 baht por la operación. Un hospital público la hizo por 72.000 baht, y mi seguro obligatorio cubrió 30.000 de esa cifra.

Hace tres años me mudé a Tailandia desde Estados Unidos. Si conoces el sudeste asiático, ya sabes lo habitual que es ver motos y scooters por la carretera.

Debido al elevado impuesto de importación, muchas familias tailandesas, sobre todo fuera de las ciudades, sencillamente no pueden permitirse un coche.

Por el elevado coste de coches y camionetas, las «motos» (un término general que engloba tanto scooters como motocicletas) son uno de los medios de transporte personal más habituales.

Como resultado, se usan para casi todo:

Ir al trabajo, hacer la compra, llevar a varias personas a la vez (no es raro ver a más de dos personas en una sola moto, incluidos bebés y niños) y, por supuesto, la siempre divertida estampa de un perro de copiloto disfrutando del paseo.

Además de llevar pasajeros de todas las edades y especies, las motos también hacen de auténticos caballos de carga, tirando de carritos laterales y puestos ambulantes.

Pero esta historia no trata solo de la comodidad, la emoción y el placer de montar en moto. Es un aviso sobre los peligros que conlleva y sobre cómo me las arreglé con el sistema sanitario tailandés.

Una lección que aprendí en carne propia hace poco.

Puntos clave

  • Tailandia tiene una de las tasas de accidentes de moto más altas del mundo. Llevar un casco homologado en cada trayecto es lo más importante que puedes hacer para protegerte.
  • El tiempo de respuesta de las ambulancias puede ser lento, sobre todo fuera de Bangkok. Conviene saber el número de emergencias y tener un plan antes de necesitarlo.
  • Los hospitales privados son más rápidos y cómodos, pero caros. Los públicos son mucho más baratos, aunque implican largas esperas y poco inglés.
  • El seguro obligatorio a terceros de Tailandia (Por Ror Bor) solo cubre una pequeña parte de los gastos médicos tras un accidente. Contar con un buen seguro de salud que cubra accidentes de moto es fundamental.
  • Conviene practicar en una zona con poco tráfico antes de lanzarse al tráfico tailandés. Las carreteras de Tailandia son caóticas y no perdonan a quienes no tienen experiencia.
  • La recuperación de un accidente grave puede alargarse meses. Antes de subirte a una moto, revisa las condiciones de tu seguro sobre cobertura de motocicletas.

Mi experiencia como motorista

Antes de mudarme a Tailandia, nunca había montado en moto. Siempre me habían interesado los vehículos a motor, aunque en Estados Unidos mi pasión se centraba más en los coches.

No es que las motos me fueran del todo indiferentes. Simplemente nunca tuve la ocasión de subirme a una, sobre todo en una cultura donde las motos en carretera son menos habituales y se usan sobre todo como afición de fin de semana.

Sin embargo, si piensas quedarte una temporada larga en Tailandia, enseguida te das cuenta de que saber conducir una moto con destreza y seguridad es una habilidad muy valiosa.

Mi primera vez en moto

A las pocas semanas de llegar a Tailandia, ya me las había arreglado para conseguir una moto.

Era una vieja y destartalada Honda Wave que me prestó la familia de mi mujer.

Para quien no conozca la Honda Wave: es una moto pequeña con un motor de 125 cc refrigerado por aire y una transmisión semiautomática de 4 velocidades.

Era la moto perfecta para empezar: poco potente, sin embrague manual, ligera y fácil de manejar.

La compra de mi primera moto

Tras un mes mejorando mi técnica y ganando confianza entre el ajetreo del tráfico tailandés… me cansé de la vieja y poco potente Honda Wave y sentí que estaba listo para comprarme mi propia moto.

Con la confianza que había ganado sobre la Honda Wave, sabía que quería más potencia; la pregunta era cuánta más y qué tipo de moto se ajustaría mejor a mis necesidades.

Por supuesto, el presupuesto fue un factor decisivo a la hora de elegir.

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Pero, más allá de encontrar una moto que cumpliera mis expectativas, me importaba que fuera práctica para el día a día.

La mayoría de los tailandeses usan pequeños scooters automáticos para sus desplazamientos diarios.

Son económicos, gastan poca gasolina, apenas requieren mantenimiento y resultan fáciles y cómodos de conducir.

Sin embargo, como amante de los coches en Estados Unidos, necesitaba algo un poco más emocionante… algo que alimentara mis ganas de adrenalina, aunque tampoco quería más potencia de la que pudiera controlar.

Lo único que tenía claro era que quería sentir esa experiencia visceral de subir de marchas que tanto había echado de menos desde que conducía coches manuales.

Al pensar en qué moto encajaría mejor con mis necesidades, acabé concluyendo que una moto grande no era práctica para el día a día, ya que su tamaño y peso dificultarían maniobrar entre el denso tráfico urbano.

Aun así, con mi metro ochenta y mis 82 kilos, sentía que necesitaba algo un poco más grande y con más potencia que las típicas motos de baja cilindrada que se ven por la carretera.

Al final me decidí por una Kawasaki D-Tracker. Para quien no la conozca, es básicamente la versión «motard» de calle de la Kawasaki KLX de todoterreno.

D-Tracker
Yo con mi D-Tracker

Es una moto de tamaño medio que me daba justo la potencia que buscaba, sin dejar de ser ligera y ágil para moverme por el tráfico de la ciudad con confianza.

Como aficionado a las motos, podría explayarme sobre por qué elegí esta en concreto. Pero esta historia no trata de mi D-Tracker, sino de mi accidente y de cómo lo afronté.

Mi primer accidente

En el mundo de las motos hay un viejo dicho: «No es si te vas a caer… es cuándo».

Dicho esto, tuve mi primera caída a los pocos meses de comprar la moto.

Un poco de tierra en el asfalto hizo que las ruedas se bloquearan al frenar, y salí despedido por encima del manillar.

Por suerte, ocurrió a una velocidad relativamente baja y pude reducir el impacto rodando durante la caída.

Le debo esa capacidad de rodar bien a mis años de entrenamiento en artes marciales, y gracias a eso solo me llevé algunos rasguños y golpes.

Aun así, aquella experiencia me enseñó una lección valiosa y me convirtió en un conductor más precavido.

Con los años, mi habilidad y mi confianza crecieron, y sería poco sincero negar que en ocasiones he puesto a prueba mis límites cuando se presentaba la oportunidad en entornos «seguros», como circuitos cerrados o autopistas vacías.

Sin embargo, siempre soy muy prudente y respetuoso, y nunca conduzco de forma temeraria en carreteras concurridas.

El respeto y mantener los sentidos bien despiertos son la mejor defensa para evitar accidentes, reducir el riesgo y, sobre todo, garantizar la seguridad de los demás.

Aun así, algo universal en los accidentes es que nadie planea que ocurran.

Estadísticas de accidentes

Antes de contar mi historia, quiero dejar claro que mi intención no es desanimar a nadie ni sembrar el miedo hacia el uso de la moto.

Por eso no voy a soltarte estadísticas de accidentes que asustan.

Mi único objetivo es compartir mi experiencia y lo que aprendí de ella. Al final, la decisión de conducir o no es tuya.

La ley del casco

Además de sacarte el carné de moto, la ley tailandesa exige llevar casco al conducir. Aun así, hablando con franqueza, no siempre se aplica con rigor, sobre todo en provincias y ciudades pequeñas, así que muchos ven el casco como una elección personal. Aunque últimamente los controles se han endurecido y la policía tailandesa se lo toma más en serio.

Al contar mi historia, prefiero ser transparente para ayudar a otros a tomar mejores decisiones.

Dicho esto, reconozco que a menudo era culpable de no ponerme el casco.

El accidente

El día de mi accidente fue una tarde cualquiera. Como de costumbre, decidí ir a comer a uno de mis restaurantes favoritos cerca de casa.

Es un trayecto que he hecho incontables veces y conozco muy bien la zona. Dicho esto, y en aras de la sinceridad, ese día decidí no ponerme el casco.

¡Bum! A día de hoy sigo sin explicarme cómo no vi venir el camión. Pasó tan rápido y, a la vez, tuve la sensación de que ocurría a cámara lenta.

No sé explicarlo mejor: fue como vivir una experiencia extracorporal mientras me veía a mí mismo recibir el impacto de lado y salir lanzado por el aire.

Mientras mi cuerpo giraba en el aire, recuerdo con claridad la sensación de que mi cabeza rozó levemente el asfalto.

Como decía, ese día no llevaba casco… algunos lo llamarán suerte… otros quizá lo llamen intervención divina el que no sufriera una lesión en la cabeza más grave… dejo esa reflexión en manos de quien lea esto.

Lo llames como lo llames, aunque aquel día tuve mucha suerte, animo a todo el mundo a llevar siempre casco al conducir.

La respuesta de emergencias

Tailandia conoce bien la dura realidad de los accidentes de moto.

Con la adrenalina a mil, me levanté enseguida y me encontré rodeado de gente preocupada por mí.

Me preguntaron si estaba bien y me dieron una silla para sentarme.

A los pocos minutos apareció un vecino con un botiquín de primeros auxilios, empezó a limpiarme las heridas y me contó que ya había llamado a una ambulancia y que estaba de camino.

Todavía en shock, conseguí llamar a mi mujer para decirle que estaba bien y le envié mi ubicación para que se reuniera conmigo en el lugar del accidente.

El tiempo de respuesta de la ambulancia

Como te puedes imaginar, el tiempo de respuesta varía según muchos factores, como el tamaño de la ciudad, el tráfico en hora punta y otros imprevistos.

En mi caso, la ambulancia llegó en cuestión de minutos. De hecho, llegó tan rápido que se presentó antes que mi mujer.

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El coste de la ambulancia

Acostumbrado a Estados Unidos y sabiendo lo carísimo que resulta un traslado en ambulancia allí, me daba algo de reparo subirme.

Pero, momentos después, mi mujer llegó al lugar y me contó que en Tailandia las ambulancias son gratuitas.

thai ambulance
En Tailandia, muchas ambulancias las gestionan grupos de voluntarios, así que su servicio es gratuito. Aun así, siempre está bien darles una propina como muestra de agradecimiento.

De hecho, se trata de un programa financiado por el ayuntamiento pero gestionado por completo por voluntarios, llamado Aar Saa-Guu Pai, que se traduciría más o menos como «rescatadores voluntarios».

Como con la mayoría de los programas de voluntariado en Tailandia, siempre está bien mostrarles gratitud dándoles una propina como muestra de agradecimiento.

Hospitales privados

Con la adrenalina todavía disparada, apenas sentía dolor y no era capaz de calcular la gravedad de mis lesiones.

Aun así, era evidente que tenía numerosos cortes y arañazos que había que limpiar y vendar.

Como mi mujer conoce bien las largas esperas de los hospitales públicos, decidimos pedirle a la ambulancia que me llevara a un hospital privado cercano.

Nada más llegar, me ingresaron enseguida en urgencias.

Casi de inmediato, unas enfermeras muy atentas empezaron a limpiarme y vendarme las heridas.

Después me preguntaron por mi historial médico, como enfermedades previas, alergias o reacciones adversas a ciertos medicamentos.

Para entonces la adrenalina empezaba a bajar, así que me pusieron analgésicos por vía intravenosa.

A continuación pidieron radiografías de mi pie y pierna derechos, donde al parecer había sufrido la mayoría de las lesiones.

El médico no tardó mucho en revisar los resultados.

Me informó de que, aparte de una pequeña fisura en el pie, no tenía huesos rotos.

Añadió que la fisura era muy pequeña y que incluso podría venir de una lesión antigua.

Esto no me sorprendió, ya que de joven sufrí bastantes fracturas y lesiones compitiendo en torneos de artes marciales de contacto pleno.

Llegados a este punto, me costaba creer que hubiera sufrido un accidente tan grave sin lesiones serias, y sentí una ola de alivio. Por desgracia, duraría poco.

Tras un examen más detallado, el médico notó algo raro en mi hombro derecho y pidió otra radiografía de inmediato.

La radiografía mostró una separación importante del hombro causada por un ligamento roto.

El médico me explicó que el ligamento estaba completamente seccionado y que necesitaría cirugía reconstructiva.

Además, me advirtió que la operación debía realizarse en un plazo estricto de tres semanas.

Me explicó que, si no se operaba a tiempo, el ligamento se deterioraría hasta un punto sin arreglo y provocaría complicaciones adicionales.

Además del plazo, el médico recomendó encarecidamente que esta operación en concreto la realizara un especialista en medicina deportiva.

Como te podrás imaginar, el diagnóstico me dejó bastante inquieto. Por desgracia, aquello era solo el comienzo de los retos que tendría que afrontar.

El seguro obligatorio

Por ley, en Tailandia todas las motos deben estar aseguradas. Sin embargo, solo se exige una cobertura mínima.

Para la cobertura mínima, el precio depende de la cilindrada de la moto y va de 160 a 650 baht al año (unos 5-20 USD).

El seguro obligatorio solo cubre los gastos médicos por lesiones derivadas de accidentes. No cubre daños a la moto ni robo.

Sorprendentemente, por un coste anual tan bajo, el seguro mínimo cubre hasta 30.000 baht (unos 1.000 USD) por accidente.

En los foros de expatriados no se andan con rodeos sobre lo que da de sí esa cifra. 30.000 baht no llegan muy lejos ante una lesión grave, y la póliza obligatoria no cubre nada de los daños a tu moto ni a la propiedad de terceros. Quienes no contratan una cobertura voluntaria adicional son quienes acaban respondiendo de su bolsillo por todo lo demás.

El coste de los hospitales privados

Puedo decir por experiencia que los hospitales privados de Tailandia ofrecen una atención excepcional y se vuelcan de verdad con tu salud y tu comodidad.

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Pero eso tiene un precio. Como pasa con muchas cosas en Tailandia, obtienes lo que pagas, y el precio refleja el servicio excepcional que ofrecen.

El hospital privado me dio un presupuesto de 230.000 baht (unos 7.400 USD) por la operación.

Me informaron de que, si optaba por operarme con ellos, podían programar la intervención en 48 horas.

Por desgracia, mi seguro solo cubría 30.000 baht (unos 1.000 USD)

Por mucho que valorara su atención excepcional, sencillamente no me lo podía permitir.

Esto se repite constantemente en los foros de expatriados. Muchos cuentan que la ambulancia suele pasar de largo por el hospital público más cercano para llevar a un extranjero directamente a uno privado, porque los hospitales privados cuentan con personal que habla inglés y un procedimiento ya rodado para tramitar seguros internacionales y pagos por adelantado. Si estás consciente y vas a pagar de tu bolsillo, indica a dónde quieres que te lleven.

Hospitales públicos

Con el alto coste de los hospitales privados, mi única opción era un hospital público.

Antes de entrar en detalles, quiero dejar claro que los hospitales públicos ofrecen el mismo nivel de atención médica que los privados. No obstante, hay algunos matices.

Tiempo de espera

Como te puedes imaginar, los hospitales públicos van siempre a rebosar.

Al registrarte como paciente nuevo, prepárate para lidiar con un buen número de trámites y protocolos confusos.

government hospitals Thailand being busy at night
Los hospitales públicos de Tailandia pueden estar bastante llenos, incluso de noche.

Aquello resultó bastante abrumador, incluso con la ayuda de mi mujer tailandesa.

Tras un registro largo y tedioso, prepárate para esperar varias horas hasta que te vea el médico.

Lista de espera para la cirugía

Este es el matiz que realmente separa a los hospitales privados de los públicos.

Pese a lo importante que era operarme dentro del plazo recomendado de tres semanas, me dijeron que había una larga lista de espera y que tardarían meses en programar mi operación.

Un marcado contraste con los hospitales privados, que podían programar la intervención en 48 horas.

Mi tabla de salvación

Como te puedes imaginar, para entonces me sentía bastante ansioso y algo desesperado.

Ya había pasado una semana, así que solo me quedaban dos para cumplir con el plazo que garantizaba el mejor resultado de la operación.

Pero mi suerte estaba a punto de cambiar.

Mi mujer llamó a una vieja amiga de la infancia para pedirle consejo. Resulta que tenían un amigo en común del instituto que, casualmente, es cirujano de medicina deportiva.

Aunque no hablaban desde el instituto, mi mujer se puso en contacto con él y le explicó nuestra situación.

Sin dudarlo, él llamó a su antiguo profesor, que resulta ser un reconocido cirujano de medicina deportiva en un hospital público de Bangkok.

Y como favor personal, su profesor me consiguió una cita con él para la semana siguiente.

Para resumir: el día de mi cita, solo me quedaba una semana antes de que se cumpliera el plazo de tres semanas para lograr el mejor resultado de la operación.

Estoy enormemente agradecido de que accediera a operarme él mismo y de que pudiera programar la cirugía para el día siguiente.

Tuve mucha suerte y sentí un alivio enorme. Sin embargo, la moraleja de esta historia no es presumir de tener los contactos adecuados.

Mi intención es transmitir la importancia de estar preparado para lo inesperado, por ejemplo invirtiendo en un seguro premium que cubra los gastos de los hospitales privados.

Después de la operación

Tras la operación, siguiendo el protocolo habitual, tuve que quedarme ingresado varios días.

Sinceramente, entre los analgésicos fuertes y la morfina, todo se vuelve bastante borroso.

Por lo que recuerdo, la experiencia fue la típica de cualquier hospital.

Las camas tenían posiciones ajustables a distancia y un interfono para llamar a la enfermera, y la comida era horrible.

Por suerte, me dejaron pedir comida de fuera, lo que ayudó a mantener el ánimo durante el ingreso.

El coste del hospital público

A estas alturas seguro que te preguntas cuánto cuesta un hospital público.

Antes de revelar el coste total de la operación, voy a desglosar los precios de los gastos habituales.

Aunque sería difícil dar un desglose exhaustivo de precios, intentaré explicarlo para que te hagas una idea de qué esperar.

La consulta médica

La consulta con el médico costó 100 baht (unos 3 USD)

Radiografías

250 baht (unos 8 USD) por cada radiografía

my first x-ray before the surgery
El precio de una radiografía en un hospital público es muy asequible: solo 250 baht.

Protocolos previos a la operación

El coste total, incluyendo la consulta médica y los procedimientos previos habituales como análisis de sangre, un electrocardiograma y varias radiografías, ascendió a 2.000 baht (unos 64 USD).

El coste de la operación

Tengas seguro o pagues de tu bolsillo, siempre tendrás que abonar por adelantado el presupuesto estimado.

En mi caso, el presupuesto fue de 80.000 baht. Sin embargo, me explicaron que el hospital sobreestima los presupuestos para cubrir cualquier gasto imprevisto, y que me devolverían la diferencia respecto al coste real.

Tras la operación, incluyendo el coste de los 6 días de ingreso, el gasto total fue de 72.000 baht, y me devolvieron la diferencia correspondiente.

Cómo reclamar el seguro obligatorio

Aunque mi aseguradora aprobó la reclamación, exigían que yo cubriera primero todas las facturas médicas.

Estas condiciones pueden variar según el hospital o tu póliza en concreto.

Para conseguir el reembolso, tuve que aportar documentos médicos y recibos como justificante de los gastos.

Al pedir documentos a un hospital público, cuenta con un plazo de unos 10-13 días antes de recibirlos.

Una vez entregada la documentación a la aseguradora, cuenta con otros 15-20 días de espera antes de que emitan el cheque del reembolso.

En mi caso, el pago máximo de la póliza era de 30.000 baht.

Aunque mis facturas médicas reales superaron esa cifra, agradecí recuperar al menos una parte de los gastos.

Un largo camino hacia la recuperación

La realidad es que me espera un largo camino de recuperación, con fisioterapia y seis meses para que el ligamento sane del todo antes de poder volver a las actividades físicas que me hacen disfrutar.

De hecho, mientras escribo esto, mi operación fue hace apenas seis semanas, y mi cirujano solo hace poco me dio permiso para volver a usar el brazo en las tareas del día a día.

Con cada tecla que pulso, aguanto el dolor y las molestias de no estar aún del todo recuperado.

Aun así, decidí contar mi historia ahora, antes de que se convierta en un recuerdo vago y lejano, con la esperanza de que compartir mi experiencia aporte algo de valor a otras personas.

Y, siendo sincero, quizás también como una forma personal de afrontar este reto de cara, porque es fácil caer en la duda y el desánimo cuando atraviesas una situación difícil.

La lección aprendida

Superar todos los retos y obstáculos de mi experiencia me dejó muchos aprendizajes.

Sin embargo, la lección más importante es el valor innegable de optar por un seguro premium.

Aunque todo salió bien al final, tuve que cubrir de mi bolsillo más de la mitad de los gastos médicos.

Aunque los hospitales públicos ofrecen una atención competente, los privados destacan por su comodidad y su servicio de primer nivel.

Estés en el país que estés, cuidar tu salud y tu seguridad no tiene precio.

La otra lección sale más barata. La mayor parte del riesgo está en cómo conduces, así que merece la pena leer sobre cómo circular con seguridad en el tráfico tailandés y sobre cómo conducir durante la temporada de lluvias, cuando las carreteras están en su peor estado.

De cara al futuro, me inclino por contratar una póliza que cubra los costes más altos de los hospitales privados. Espero no tener que usarla nunca, pero merece la pena tenerla como red de seguridad.

Conclusión

La vida siempre encuentra la manera de ponernos delante retos inesperados que ponen a prueba nuestra fuerza, nuestra resiliencia y nuestra determinación.

Mi camino hacia la recuperación aún está en sus primeras fases, y cada día trae sus propios obstáculos.

Mientras recorro este largo camino, encuentro consuelo en compartir mi determinación por mantenerme positivo.

No solo para fortalecer mi propio ánimo, sino como recordatorio de que no estamos solos en nuestras dificultades.

Sean cuales sean los retos a los que nos enfrentemos, mantenernos positivos puede convertirnos en una fuente de inspiración para otros.

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