Homeschooling en Tailandia: recursos, cooperativas, materiales y mucho más

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En una casa de dos plantas alquilada en Bangkok, padres e hijos empiezan a llenar el amplio salón y a guardar sus mochilas, botellas de agua y bolsas de comida en casilleros con sus nombres.

Un padre, ingeniero de profesión, coloca sobre la mesa una caja de material: pilas, placas de circuitos, cables, motores, ruedas, varillas y rollos de papel higiénico vacíos. Los niños se agrupan a su alrededor para examinar los componentes electrónicos que más tarde aprenderán a montar en circuitos y coches a pilas.

Las familias se reúnen en esta casa varias veces por semana, donde los padres se turnan para enseñar a los niños cocina, lectura, escritura, arte, matemáticas, ciencias e incluso programación sin ordenador. Todas ellas educan a sus hijos en casa en Bangkok, y esta vivienda es su cooperativa de homeschooling.

La educación en casa es una tendencia que ha ido ganando terreno en Tailandia con el paso de los años. Tanto en la capital como en los rincones más remotos del país, cada vez más familias recurren al homeschooling como alternativa viable para la educación de sus hijos.

Puede que a ti también te interese esta opción, pero con tantos recursos disponibles en internet, elegir el método adecuado, encontrar los materiales correctos y dedicar el tiempo necesario puede resultar abrumador. Sin embargo, como descubrirás, la educación en casa no tiene por qué ser complicada.

Puntos clave

  • La educación en casa es legal en Tailandia y su popularidad ha crecido de forma constante, tanto en Bangkok como en las zonas rurales.
  • Las cooperativas, donde las familias que educan en casa comparten tareas docentes y ponen en común sus especialidades, son habituales en Bangkok y ofrecen a los niños interacción con otros compañeros y un entorno de aprendizaje más estructurado.
  • Las opciones de currículo van desde programas estadounidenses muy estructurados hasta enfoques dirigidos por el propio niño; la elección correcta depende del estilo de aprendizaje de cada niño y de los objetivos de la familia.
  • Los mayores obstáculos no son legales, sino prácticos: dedicar tiempo de forma constante, montar un espacio de aprendizaje adecuado y encontrar recursos comunitarios para la socialización.
  • Bangkok cuenta con comunidades activas de homeschooling en Facebook, donde las familias comparten recursos, organizan cooperativas y ofrecen consejos a quienes empiezan.
  • Los niños que se educan en casa en Tailandia también pueden presentarse a exámenes internacionales y solicitar plaza en universidades extranjeras; algunos obtienen resultados que igualan o superan a los de sus compañeros escolarizados.

Nuestra familia homeschooler

Nos mudamos a Tailandia cuando nuestra primera hija tenía seis meses, y desde el principio ya sabíamos que educaríamos en casa. Era algo de lo que hablábamos cuando todavía vivíamos en Estados Unidos.

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El homeschooling te obliga a trabajar las habilidades de comunicación interpersonal.

Sí que nos encontramos con cierta resistencia aquí en Tailandia, sobre todo por parte de la familia de mi mujer y de los vecinos, que tenían ideas equivocadas sobre la educación en casa o pensaban que simplemente no podíamos permitirnos mandar a nuestras hijas al colegio.

Pero después de que mi mujer les asegurara que, por mucho dinero que tuviéramos, nunca mandaríamos a nuestras hijas al colegio, empezaron a entender la pasión que había detrás de nuestra decisión.

Por qué educamos a nuestras hijas en casa

Las familias en Tailandia educan a sus hijos en casa por muchos motivos distintos. Algunas lo hacen por razones religiosas. Otras, por motivos económicos.

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El homeschooling pone a la familia por delante de las instituciones externas.

Otras, en cambio, optan por esta vía porque quieren que sus hijos reciban la mejor educación posible con los recursos que tienen a su alcance.

En mi opinión, si educas en casa con buenas intenciones, cualquier motivo es válido. A continuación comparto tres de los míos.

El primero es que la educación en casa nos permite avanzar a un ritmo natural y que mis hijas reciban atención exclusiva. Si un día no entienden lo que estamos viendo, no tenemos que seguir adelante solo porque estemos atados a un currículo o a una fecha límite.

Podemos ir más despacio, buscar otras formas de abordar el tema, o parar del todo y retomar el concepto más adelante si alguna de nuestras hijas se siente desbordada.

Si captan un concepto rápido, pasamos a otra cosa. Dicho de otro modo, podemos dedicar al tema tanto o tan poco tiempo como haga falta, sin que sientan que están retrasando a nadie ni tienen que esperar a que otros terminen.

Esto sería mucho más difícil en un colegio público o privado, donde las clases son mucho más numerosas.

El segundo motivo es que nos permite centrarnos en las materias que más importan a nuestras hijas. Nunca les imponemos un tema solo porque forme parte de un currículo diseñado por alguien que no tiene ninguna relación con sus intereses.

Para nosotros, la educación tiene más que ver con el descubrimiento y la exploración, dejándonos guiar por aquello que despierta la curiosidad natural de nuestras hijas.

Por ejemplo, aunque aprenden materias básicas como matemáticas y lengua, también les interesan la mitología griega, el arte, la astronomía, la agricultura y la ganadería, o la repostería.

A medida que sus intereses cambian con el tiempo, también cambia lo que aprendemos.

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Y hablando de materias, podemos profundizar en los temas todo lo que queramos. Cuando estudiamos astronomía, por ejemplo, no nos limitamos a aprender sobre las constelaciones en un libro de ciencias.

Leemos sobre ellas desde el punto de vista de matemáticos, antiguos griegos o artistas. Y, además, podemos salir por la noche e intentar localizarlas en el cielo, siempre que el aire de Bangkok esté lo bastante limpio, claro.

Por último, uno de los principales motivos por los que educamos en casa es que queremos enseñar a nuestras hijas lo que significa ser autodidactas de por vida.

Queremos que sepan que la educación no termina en un mes concreto del año, ni cuando acaba el instituto o la universidad, ni al entregar un examen. La educación es algo que dura toda la vida. Aprendiendo junto a mis hijas, espero que aprendan también con mi ejemplo.

Gracias a estos tres motivos, disfrutamos de una experiencia familiar mucho más rica que si nuestras hijas pasaran ocho horas en el colegio, otra hora o más yendo y viniendo, y encima tuvieran que hacer deberes en casa.

Cómo encontrar recursos para el homeschooling

Encontrar recursos para educar a mis hijas en casa solía ser todo un reto. Me pasaba horas buscando en internet el currículo perfecto y materiales adecuados a su edad.

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En Bangkok se encuentran materiales para el homeschooling en todas partes, desde librerías hasta mercados.

Pero, siendo sincero, con el paso del tiempo aprendí a sacar el máximo partido a las opciones que tenemos en Tailandia. A continuación repaso algunos de los recursos que utiliza nuestra familia.

Currículos

Lo primero que tendrás que decidir es qué currículo se adapta mejor a tu estilo de vida y a tus planes educativos.

  • ¿Quieres un currículo religioso o laico?
  • ¿Prefieres uno centrado en lo académico o en las artes?
  • ¿O prescindir por completo de un currículo?
  • ¿Vais a usar pantallas o tenéis una política de educación sin pantallas en casa?

Puede que prefieras combinar varios currículos. Para decidir cuál funciona mejor para tu familia, no basta con pensar en vuestros valores y principios; también hay que ponerse manos a la obra y probar.

Prueba varios currículos y observa hacia cuál se inclinan tus hijos de forma natural. Ten en cuenta también con cuál te sientes más cómodo enseñando tú.

No tiene sentido convertir la educación en casa en algo estresante, porque tu hijo o hija notará esa tensión y perderá el interés enseguida.

En los últimos cinco años he descubierto que el método Waldorf es el que mejor funciona con mis hijas para lengua y arte en general.

Para matemáticas usamos currículos basados en historias, como Life of Fred, y de vez en cuando también cuadernos de Singapore Math.

En economía doméstica, nos decantamos por el método Montessori. Una vez más, descubrir lo que mejor funciona para nuestra familia nos llevó varios años de prueba y, en ocasiones, de error.

Material didáctico

En cuanto al material en sí, hoy en día hay organizaciones de homeschooling que facilitan descargar currículos y planes de clase, tanto gratuitos como de pago.

Nos gusta especialmente Waldorf Inspirations para planificar nuestros currículos, ya que ofrecen una larga lista de recursos gratuitos. Para lengua, solemos recurrir a Well Trained Mind. Aunque están en Estados Unidos, ofrecen versiones en PDF de todo su material.

Cuando tenemos que comprar libros, recurrimos a Amazon (los libros no pagan impuestos de importación en Tailandia y el envío es rápido) y a Kinokuniya (nuestra librería favorita en Bangkok, aunque suelen tener precios algo elevados).

Cooperativas de homeschooling

Las cooperativas de homeschooling son otro gran recurso que toda familia que educa en casa en Tailandia debería aprovechar.

En las cooperativas, los niños pueden apuntarse a clases extra que en casa no podrías enseñarles. Mis hijas van a The Vine Co-Op, en las afueras de Bangkok.

Por esta cooperativa han pasado familias de Estados Unidos, el Reino Unido, Sudáfrica, Australia, Singapur, Nueva Zelanda, Tailandia y muchos otros países, lo que significa que mis hijas conviven con niños y adultos de todo el mundo, algo que sin duda amplía su forma de ver las cosas.

Una de las formas más sencillas de encontrar cooperativas en tu zona es buscar en redes sociales. Y como las familias homeschooler en Tailandia vienen de todo el mundo, buscar en tu idioma materno suele dar bastantes resultados.

Cuando mi mujer buscaba cooperativas para nuestras hijas, encontró primero Little Footsteps en el distrito de Bangna, en Bangkok, a través de Facebook. A partir de ahí conectó con otras familias y descubrió más grupos, lo que finalmente nos llevó hasta The Vine.

Mirando atrás, encontrar la cooperativa adecuada es como cualquier otra cosa en Bangkok: cuanto más tiempo llevas aquí y más contactos haces en la capital, más cosas descubres. Lo importante es simplemente empezar por algún sitio.

Cómo sacar tiempo

Cuando la gente se entera de que educamos a nuestras hijas en casa, suele hacernos dos preguntas: ¿Cómo sacáis el tiempo? Y, ¿quién da las clases, mamá o papá?

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El homeschooling ocupa menos tiempo al día que preparar a los niños para el colegio y llevarlos y traerlos.

Puede que seamos una minoría, pero organizamos nuestra vida en torno a ser una familia homeschooler. Rara vez acepto un trabajo que implique estar fuera de casa de forma habitual, y he tenido la suerte de poder trabajar sobre todo desde casa, aunque construir este estilo de vida nos llevó varios años.

Mi mujer, por su parte, también trabaja desde casa. Dicho esto, conocemos a muchas familias homeschooler en las que el padre trabaja fuera a tiempo completo. Así que no pienses que necesitas cambiar por completo tu estilo de vida para educar en casa a tus hijos.

En cuanto al tiempo, dedico unas dos horas al día, cuatro días a la semana, de ocho a diez de la mañana, guiando a mis hijas en lengua, arte, matemáticas, ciencias, historia y más.

Como seguimos el método Waldorf, trabajamos por bloques de cuatro a seis semanas que nos permiten centrarnos en una materia principal y otra secundaria.

Ahora mismo, por ejemplo, estamos en un bloque de seis semanas de lengua que ocupa la mayor parte de nuestras dos horas; después dedicamos unos treinta minutos a matemáticas, seguidos de arte. Cuando las matemáticas son la materia principal, el orden se invierte.

Cuando termino de ayudar a mis hijas, me pongo a trabajar y mi mujer toma el relevo para supervisar mientras ellas ayudan con las tareas de la casa, como la colada, los platos o la limpieza en general. Una vez terminadas las actividades escolares y las tareas domésticas, tienen tiempo libre, aunque siguen teniendo que leer por su cuenta durante el día.

Casi todas las noches aprovechamos el momento del cuento antes de dormir para elegir libros relacionados con algo que nuestras hijas estén aprendiendo ese día.

Por último, recuerda que formar a alguien que aprenderá durante toda su vida no ocurre solo de ocho a cuatro y entre semana. Sucede todos los días, estés donde estés.

¿Estáis aprendiendo manualidades? Haced una excursión a Koh Kret y ved a un artesano cocer una vasija de cerámica en un horno. Aprovecha la paga semanal para enseñar a tus hijos matemáticas y finanzas. ¿Toca aprender sobre aves? Pasad unos días en las montañas de Nakhon Nayok observando pájaros.

Incluso la hora de la cena puede ser un recurso útil para las familias homeschooler. Enseñar las materias aplicadas al mundo real hace que a nuestras hijas les resulte más fácil entenderlas. Y de paso, me ahorra tiempo.

Cómo preparar un espacio para aprender

En los últimos siete años hemos vivido en todo tipo de espacios en Bangkok, desde condominios de 64 metros cuadrados hasta casas independientes de varias plantas, pero estemos donde estemos, siempre encontramos un rincón para dedicar al homeschooling.

Hemos tenido de todo, desde habitaciones enteras hasta solo una estantería, una mesa y unas sillas. No importa lo que tengas, sino lo que hagas con ello.

Pero lo que importa de verdad es contar con un espacio, por pequeño que sea, dedicado a la educación en casa. Será el punto de encuentro y de partida del día, y donde guardaréis todo el material que utilicéis.

Cuando aprendemos, nos movemos de la mesa de la cocina al sofá, al suelo y al exterior. Nunca pasamos demasiado tiempo en el mismo sitio. Si estamos con matemáticas, es posible que nos sentemos en la mesa de la cocina.

Cuando leemos, pasamos al sofá. Si la clase incluye trenes, vías o piezas de construcción, nos ponemos en el suelo. Para el estudio de la naturaleza y parte de la geografía, salimos fuera.

Ahora mismo vivimos en un condominio y seguimos teniendo espacio suficiente para el homeschooling. Tenemos una pizarra de tiza y otra blanca que colgamos de dos ganchos atornillados en el estante superior de la estantería.

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Cuando no las usamos, deslizamos las pizarras detrás del sofá. También tenemos mapas del mundo enrollados en tubos que sacamos cuando hace falta. Una mesa plegable grande hace de rincón de manualidades. Cuando no se usa, se pliega y se guarda en la cocina. De nuevo, no se trata del espacio que tienes, sino de cómo lo aprovechas. Hay que echarle imaginación.

La vida después del homeschooling

De momento no nos preocupa demasiado la idea de que nuestras hijas pasen a un colegio público o privado, pero hemos conocido a muchas familias que educaron a sus hijos en casa y después los enviaron a un centro público o privado.

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Las estadísticas muestran una y otra vez que los niños que se educan en casa destacan en etapas posteriores.

Una familia de Nueva Zelanda, por ejemplo, educó a sus hijos en casa durante los primeros años, y uno de ellos consiguió después una beca para estudiar en un colegio internacional privado de Bangkok. Otra mujer, originaria de Australia, educó a sus hijos en casa hasta 12º curso, y varios de ellos continuaron sus estudios en la universidad que eligieron en Australia.

Educar en casa no significa que tus hijos queden apartados para siempre de la educación pública o privada. De hecho, es más bien lo contrario.

El número de universidades que aceptan a estudiantes homeschooler ha aumentado con los años, y muchas instituciones cuentan ya con criterios de admisión específicos para ellos. Puedes consultar, como ejemplo, las pautas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).

Y ahora, te toca a ti

Como puedes ver, educar a tus hijos en casa en Tailandia no tiene por qué ser tan difícil.

Con los recursos adecuados, unas horas de dedicación exclusiva al menos cuatro o cinco días a la semana, y ganas de aprender junto a tus hijos, tu familia puede empezar hoy mismo su andadura en el homeschooling.

Aunque no siempre sea el camino más fácil, es, al final, el más gratificante: no solo para tus hijos, sino también para ti, como padre o madre.

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